sábado, 12 de septiembre de 2015

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Postre de notas / El celubobo



Estimado lector: la siguiente columna exige franqueza como requisito indispensable.
Si está decidido a responder con sinceridad las preguntas que voy a plantearle, bienvenido. De lo contrario, le sugiero que salte a otra sección de la revista o que repase El Quijote.

1) ¿Suele leer diarios o revistas en el baño (usted sabe de qué le estoy hablando)?
2) ¿Ha trabajado alguna vez en el computador mientras se encontraba en el baño?
3) ¿Ha enviado mensajes telefónicos de pantalla desde el baño?
4) ¿Suele hablar por el celular mientras se encuentra en el baño?

Mi propósito no es adelantar una investigación sobre el uso de los medios de comunicación por el colombiano sentado, sino advertir los riesgos de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Si usted contestó sí a más de dos preguntas, está en serio peligro. Paso a contarle por qué.
En agosto pasado, un juez se enteró de que la abogada que llevaba un pleito ante su despacho en Carolina del Norte (Estados Unidos) había llamado desde la intimidad de su baño a impartir ciertas instrucciones, o algo parecido. Indignado por lo que le parecía un irrespeto con la dignidad de la Justicia, la expulsó del caso.

Corolario: no hable de negocios mientras está ocupado en los prosaicos menesteres del retrete. No solo constituye grave falta de educación, sino que podría incluso perder el puesto. Mucho arriesga el empleado que responde una llamada del jefe desde aquel habitáculo (nunca mejor dicho):
- Perdone, Ramírez: ¿qué es ese ruido tan extraño que acabo de oír?
- Debe de ser que va a llover, doctor.
A lo cual el doctor contesta, revelando tácitamente que telefonea desde el mismo sitio:
- No, Ramírez, me pregunto si fui yo o fue usted...
Hace poco el New York Times publicó una columna sobre los nuevos protocolos de comunicación y su consejo fue: "No tires de la cadena mientras estés hablando por el celular".
¡El New York Times! Como ven, no se trata de tonterías. Y es que el celular y otros inventos parecidos están cambiando todo, hasta las normas de tráfico. Según reciente investigación, las personas que hablan por el teléfono móvil mientras manejan han causado cerca de 16.000 muertos desde el 2001 en accidentes de carro en Estados Unidos. Otro estudio averiguó por qué es tan molesto percibir a alguien que habla por el celular. "Escuchar un solo lado de la conversación perturba mucho más que oírlos ambos", dice la doctora Lauren Emberson. El cerebro está acostumbrado a desoír diálogos ajenos, pero se inquieta cuando le toca imaginar la otra mitad de una charla.
A mi juicio, lo peor son los celubobos, aquellos lelos que van distraídos hablando por la calle, en actividades colectivas o en espectáculos públicos. ¿No los han visto ustedes culebreando sin sentido por las aceras, conversando a gritos con otro idiota que viaja a su lado en el bus, buscando a tientas el impertinente timbre en la oscuridad de la sala de cine?

Son desesperantes los peatones celubobos. Atraviesan avenidas sin atender el semáforo, porque no son capaces de oír y ver al mismo tiempo, o se detienen bruscamente en el andén sin prestar atención a alguien que viene detrás. Yo vi a un celubobo mortalmente herido bajo las ruedas de cochecito infantil cuando frenó sin aviso previo. El celubobo ríe en los entierros, grita en el estadio durante el minuto de silencio y llama desde el avión a decir, como un idiota, "¡Ya llegué!".
Capítulo aparte merece el celubobo que usa celular de manos libres. Cuando uno ve que va por ahí hablando solo, piensa que se trata de un loco. Pero es mucho más grave: se trata de un tipo que alguna vez fue normal, que leyó el diario en el baño, y ahora, por culpa de los rayos que emite el celular, ha sufrido una alteración cerebral que lo lleva a comportarse como un lunático. Pronto llamará al jefe cuando esté sentado en el w.c., tirará de la cadena y lo echarán del puesto.
Por Daniel Samper Pizano

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