sábado, 12 de septiembre de 2015

VÍDEOS SOBRE NETIQUETA


ALGUNOS DOCUMENTOS AUDIOVISUALES PARA REFLEXIONAR EN EL AULA

NETIQUETA



















PARA REFLEXIONAR EN EL AULA SOBRE NETIQUETA



                         
 La tiranía de la conectividad



Cecilia Rodríguez

Hemos caído en la adicción de la inmediatez. En la jerarquía de comunicación de hoy, una llamada telefónica o una conversación cara a cara están en los últimos puestos.
¿Cuánto tiempo cree que puede sobrevivir sin ‘conectarse’ a un aparato electrónico? ¿Días? ¿Horas? ¿Minutos?

Hoy, al llegar a una clase de ejercicios, nos informaron que el profe estaba de vacaciones y que quien venía a reemplazarlo iba a llegar tarde. Ocasión perfecta para conocer a las otras mujeres que veo cada semana, pero con quienes no hay tiempo de conversar en clase. Lo que ocurrió, sin embargo, es que cada una sacó su teléfono y entró en ‘conexión’.

Vivimos en tiempos de la tiranía de la conectividad.

Es como si todos fuéramos médicos de turno, o agentes secretos, o presidentes de una nación en peligro, o generales en guerra, y probablemente esos personajes no necesitan revisar compulsivamente el teléfono dondequiera que estén, como tantas personas “comunes y corrientes” hacen para asegurarse de que no se están perdiendo de algo. Y no se trata solo de revisar la cuenta de e-mail en Gmail, también hay que revisar la de Hotmail y muchas veces otros portales y redes sociales. Además, hay que revisar los trinos recibidos y a cuántos les ha gustado el trino enviado. Y marcar ‘me gusta’ en las fotos que otros han subido al Facebook, y hacer comentarios tan cortos y superficiales como sea posible.

Mantenerse a flote en la oleada de conectividad se ha convertido en una actividad de tiempo completo. Al vivir bajo esa tiranía, la gente desarrolla sus propios modales y maneras. ¿Cuánto tiempo hay que esperar antes de responder un mensaje, o de hacer un comentario en Facebook, o de subir la selfi más reciente, o de informar sobre el video que se acaba de ver, o de manifestar preferencia por zapatos azules, o de lo que acaba de comer en un restaurante, con la foto correspondiente, lo cual, desde luego, es información que requiere ser trinada de inmediato?

Son preguntas retóricas porque, sin notarlo, con la tiranía de la conectividad hemos caído en la adicción de la inmediatez. En la jerarquía de comunicación de hoy, actividades más ‘personales’, como una llamada telefónica o una conversación cara a cara, están en los últimos puestos; cartas o tarjetas escritas a mano, en la casilla del fondo. Cliquear ‘me gusta’ o escribir un comentario en Facebook es instantáneo.

Esa capacidad de inmediatez se ha convertido en la nueva ‘intimidad’. Las mujeres de mi clase no tienen interés en conversar porque necesitan cada minuto para mantener contacto inmediato con gente que no está frente a ellas. Nuestras relaciones no se miden por conversaciones personales, sino por número de clics, ‘me gusta’, vistas, trinos y retrinos.

Y si nuestra comunicación está cómodamente contenida en teléfonos inteligentes, el resto de necesidades lo están cada vez más también. The Washington Post dice: “Ahora hay un Uber para todo”, en referencia a que con un clic en una de las muchas aplicaciones ofrecidas en los teléfonos móviles se puede obtener prácticamente de inmediato desde un cocinero que venga a preparar la cena, alguien que haga sus compras, que le estacione el auto, que haga la limpieza, que le organice el clóset o le ponga orden a su garaje, hasta alguien que le haga la maleta en su puerta en menos de 10 minutos cuando va a viajar.

Cuantas más redes sociales, plataformas de mensajes y aplicaciones de servicios acogemos, más se dispersan y hacen difusas nuestras habilidades de comunicación, o son simplemente apariencias, ilusiones, disimulos, superficialidad.

Probablemente sea imposible evitar la dispersión de nuestra atención en línea, hasta el punto del sinsentido, pero vale la pena intentarlo. Hay padres de familia valientes que imponen restricciones a los hijos sobre el tiempo que pueden estar ‘conectados’. Mi más reciente récord de ‘desconexión’ es un día y medio. ¿Y el suyo?



Decálogo para no dar papaya a las burlas en internet




Una foto comprometedora, un tuit mal redactado, hasta una noche de copas, todo puede ser utilizado para que los implacables usuarios de internet se burlen de alguien. Le damos 10 tips para evitar este problema.
 Antes de seleccionar la opción publicar tómese un momento y piense: ¿qué impacto puede tener su publicación entre los contactos que están relacionados?

El ciberbullying se ha convertido casi en una epidemia social. Las burlas entre usuarios muchas veces pasan el límite de lo chistoso para pasar a lo denigrante y, a veces, peligroso.


Prevenir esta práctica depende de cada de usuario y todo puede manejarse. A continuación le compartimos 10 consejos para que los tenga en cuenta a la hora de iniciar sesión en internet:

1.      Las imágenes o publicaciones no siempre tienen que ser compartidas en redes sociales. De vez en cuando deje esas fotos y comentarios sólo para sus amigos, NO para todos sus contactos. Básicamente: NO DE PAPAYA
2.      Antes de seleccionar la opción publicar tómese un momento y piense: ¿qué impacto puede tener su publicación entre los contactos que están relacionados?
3.      Procure no compartir comentarios o publicaciones sobre su vida privada en redes sociales. Es mejor llamar a sus amigos, familiares y conocidos para charlar sobre cualquier situación, antes de darla a conocer por una red.

4.      Evite enviar fotos y videos comprometedores por correo electrónico. Por más confianza que haya con otro usuario estos contenidos siempre corren el riesgo de caer en manos de cualquier persona.
5.      Entienda la dimensión de una broma por internet: si usted escribe o publica algo divertido entre su grupo cercano de amigos filtre estos contenidos para que sólo los interesados puedan verlo. De esta forma, no se expondrá a que cualquiera mal entienda estos contenidos.
6.      No acepte solicitudes de amistad de desconocidos en Facebook. Tampoco inicie conversaciones con perfiles sospechosos en otras redes como Twitter o Google Plus.

7.      Reporte por Spam a aquellos usuarios que usted considere están publicando contenidos difamatorios en su contra. De esta forma las redes, donde se está propagando el problema, tendrán aviso de lo que ocurre y bloquean estos perfiles.
8.      Entienda la progresión que puede tener una publicación en redes sociales: no crea que no lo están leyendo por el hecho de que no comente, den Me Gusta o Retuiteen. Siempre hay alguien leyendo.

9.      Ahora, si quiere compartir esos momentos que usted considera poco ofensivos y más bien divertidos, filtre a los contactos que puedan tener acceso a las publicaciones. De nuevo, no todos se tienen que enterar de las bromas que se hacen entre amigos.

10.    El último consejo es más bien analógico: tenga sentido común antes de iniciar una sesión en internet. Aplique una lógica ancestral y responde una pregunta antes de publicar o compartir algo en internet ¿haría esto en la calle? Así se evitará muchos problemas.



¿Sufre usted de nomofobia, la adicción al celular?


por MIGUEL REYES



El avance de las nuevas tecnologías trajo una nueva enfermedad: el miedo irracional a estar sin su teléfono móvil
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Si usted es de los que no sale a ningún lugar sin su celular, si duerme con él al lado y lo primero que hace al despertar es revisarlo, si lo mira inconsciente y automáticamente, si siente ansiedad o estrés cuando no puede contestar y no sabe quién lo llama, si lo revisa al hacer ejercicio o va al baño y a cualquier otra parte de su casa con él, es probable que padezca o esté cerca de padecer nomofobia, el miedo irracional a estar sin su teléfono celular.

El fenómeno -que deriva su nombre de una abreviación de la expresión en inglés "no-mobile-phone-phobia" (no-mo-fobia)- aunque todavía no se ha catalogado como un trastorno sicológico propiamente, como otras adicciones a las nuevas tecnologías, ya causa problemas y es tratado por profesionales.

El estilo de vida actual implica estar conectados permanentemente a través de herramientas tecnológicas, lo que trae consigo un aumento de la dependencia a estos aparatos. El asunto problemático es cómo aprovecharlas y hacer un uso adecuado y moderado sin caer en la adicción a estas herramientas, pues no es fácil distinguir entre la dependencia habitual y necesaria, y la adicción dañina.

Javier Garcés, experto en Psicología del Consumo y sus adicciones, dice que "en los casos patológicos, en los que esa dependencia genera ataques de ansiedad, pánico, irritabilidad la diferencia está clara. Pero en los 'pequeños' ataques de ansiedad la diferencia no lo es tanto". Lo que quiere decir que el criterio no está únicamente el tiempo que se pasa frente al aparato sino en las causas y las repercusiones que tiene su uso.

Si la dependencia al celular existe por razones laborales únicamente y la persona se desprende con facilidad del aparato en ambientes sociales o personales, no parecería haber un problema, pero si se desarrolla una "relación no utilitaria con el teléfono", es decir, si con el simple hecho de desconectarse en cualquier momento o lugar presenta síntomas de nerviosismo o de ansiedad, estaríamos frente a un caso de nomofobia.

Los síntomas se manifiestan de diversas formas: cambios de comportamiento o de estados de ánimo, mayor facilidad para comunicarse por medio del chat que verbal y personalmente, irritabilidad o alteraciones en el sueño, sentir que vibra o timbra el aparato imaginariamente, no poder apagarlo ni ignorarlo en el cine, teatro, mientras se ejercita, en comidas o situaciones inapropiadas, y aprovechar cualquier momento para revisarlo o angustiarse más de la cuenta por el tiempo que queda de batería.

José Antonio Molina, sicólogo a cargo de psicohealth.com, afirma que "personas con déficit de habilidades sociales, que se sienten más cómodos interactuando con los demás a través de la tecnología, con cuadros depresivos", o personas introvertidas e inseguras, pueden ser más propensos a refugiarse en los aparatos y a desarrollar este tipo de adicciones.

Por supuesto que entre más completo y tecnológico sea el aparato, mayor va a ser el uso y la dependencia a éste. Por eso, a raíz de estudios como uno que se realizó en el Reino Unido y que cita el diario español El Mundo muestran los teléfonos inteligentes, como los Blackberry y los iPhone, disparan este tipo de fobias y adicciones.

Investigaciones recientes en España han revelado que entre un 53 y un 63% de los encuestados tienen comportamientos que los harían encajar dentro de esta enfermedad del siglo XXI. Y la cifra parece ir en aumento, pues el mayor riesgo lo tiene la población entre 18 a 25 años y además la tendencia es que cada vez sean más jóvenes los que empiezan a manipular celulares.

Las nuevas tecnologías son tan poderosas y tan útiles que lo primero que hay que hacer con ellas es notar sus efectos nocivos y autorregular su uso para que el aparato no domine al usuario.

Cómo detectar los síntomas adictivos:

• No me separo del celular: Hasta en el baño, la cocina, durante las comidas o el en cine estoy pendiente de él.

• Alteración de los hábitos del sueño: a veces me despierto por la noche y miro el celular para ver si hay mensajes o tengo alguna llamadas. Estoy hasta altas horas de la noche hablando y duermo menos horas de las debidas. Lo primero que hago al levantarme es mirar el celular.

• Nerviosismo o ansiedad cuando no lo tengo: Siento nervios o angustia cuando no tengo el celular cerca o cuando se ha agotado la batería. Siento placer y tranquilidad cuando lo vuelvo a tener en mis manos.

• Oír a los amigos: normalmente las personas cercanas me dicen que me distraigo y no pongo atención o que es mala educación estar siempre pegado al celular.

• Reviso el celular de forma automática: Sin darme cuenta o para sentir que no pierdo el tiempo reviso el celular y cualquiera de sus aplicaciones por simple placer o por esperar con ansias a que entre un mensaje o una llamada.

• Cuentas exageradas: me llegan las cuentas por más de lo previsto por exceso de minutos, mensajes o datos.


• Por aquí sí te hablo: siento que me comunico con mayor facilidad por medio del chat o por llamadas telefónicas que en persona. Evito las conversaciones y las relaciones en persona por esa razón. Cambio de actitud cuando hablo por el celular, por ejemplo, ya no me siento tan tímido.



Cómo mejorar la escritura de e-mails



Los emails que escribimos son una muestra de nosotros mismos, por eso es conveniente con invertir unos pocos minutos en su redacción.
Tus emails dicen mucho sobre ti. Más que eso. Un email puede ser la primera y única muestra que la gente tenga de tu profesionalismo, temperamento y personalidad.
Piensa dos veces la próxima vez antes de  escribir un email y recuerda que lo que escribas representa tus pensamientos, tus ideas y no tus escasas habilidades de comunicación y errores de gramática.


1. Utiliza frases completas. Utiliza toda la potencialidad del lenguaje. Si se escribe de una manera por alguna razón debe ser. No simplifiques palabras a tu criterio. El destinatario de tu email puede tomarlo como una falta de educación.
2. No escribas todas las palabras en mayúsculas. En Internet utilizar todas las palabras en mayúsculas es sinónimo de gritar y hacer aspavientos con las manos. Es grosero y chocante. Si no quieres dar esa impresión deja las mayúsculas en paz.
3. Piensa muy bien en lo que vas a escribir antes de hacerlo. Toma un segundo para poner tus ideas en orden antes de empezar. Cuanto más claro estés mejor. Recuerda que esto no es una conversación cara a cara, donde puedes aclarar cosas en la marcha.
4. Escribe un principio y un final. No es una carta, pero dale a tus e-mails alguna estructura. No tiene por qué ser largo, pero debe tener una pequeña introducción sobre el tema que trata el email y un cierre (en lo posible) encantador.
5. Relee tu email antes de enviarlo. Quizás lo que escribiste no es lo que pretendías decir. Sólo tomate un minuto y relee el email para darle mayor claridad.

6. Evita utilizar demasiados adjetivos, adverbios y oraciones demasiado largas. Manten la escritura simple, para una fácil lectura y un intercambio de ideas transparente.
7. No uses siglas. Si bien cada industria tiene siglas, pero llegado un punto hace que lo que quieras decir sea más confuso, por eso te cuidado.
8. Toma ventaja sobre la puntuación. Si no sabes si poner o no una coma, te equivocas si piensas que nadie se dará cuenta de que tus conocimientos en gramática son bastante flojos. Conocer como presentar correctamente una oración, te ayudará a comunicarte mejor. Compra una guía sobre gramática y utilizala.

9. Utiliza el corrector ortográfico de tu programa de correos. Antes de presionar Enviar, controla la ortografía, no sólo con el corrector que a veces falla sino también manualmente. Utiliza un diccionario online para verificar si has escrito bien las palabras que tengas dudas.


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NO TE METAS EN FACEBOOK




Postre de notas / El celubobo



Estimado lector: la siguiente columna exige franqueza como requisito indispensable.
Si está decidido a responder con sinceridad las preguntas que voy a plantearle, bienvenido. De lo contrario, le sugiero que salte a otra sección de la revista o que repase El Quijote.

1) ¿Suele leer diarios o revistas en el baño (usted sabe de qué le estoy hablando)?
2) ¿Ha trabajado alguna vez en el computador mientras se encontraba en el baño?
3) ¿Ha enviado mensajes telefónicos de pantalla desde el baño?
4) ¿Suele hablar por el celular mientras se encuentra en el baño?

Mi propósito no es adelantar una investigación sobre el uso de los medios de comunicación por el colombiano sentado, sino advertir los riesgos de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Si usted contestó sí a más de dos preguntas, está en serio peligro. Paso a contarle por qué.
En agosto pasado, un juez se enteró de que la abogada que llevaba un pleito ante su despacho en Carolina del Norte (Estados Unidos) había llamado desde la intimidad de su baño a impartir ciertas instrucciones, o algo parecido. Indignado por lo que le parecía un irrespeto con la dignidad de la Justicia, la expulsó del caso.

Corolario: no hable de negocios mientras está ocupado en los prosaicos menesteres del retrete. No solo constituye grave falta de educación, sino que podría incluso perder el puesto. Mucho arriesga el empleado que responde una llamada del jefe desde aquel habitáculo (nunca mejor dicho):
- Perdone, Ramírez: ¿qué es ese ruido tan extraño que acabo de oír?
- Debe de ser que va a llover, doctor.
A lo cual el doctor contesta, revelando tácitamente que telefonea desde el mismo sitio:
- No, Ramírez, me pregunto si fui yo o fue usted...
Hace poco el New York Times publicó una columna sobre los nuevos protocolos de comunicación y su consejo fue: "No tires de la cadena mientras estés hablando por el celular".
¡El New York Times! Como ven, no se trata de tonterías. Y es que el celular y otros inventos parecidos están cambiando todo, hasta las normas de tráfico. Según reciente investigación, las personas que hablan por el teléfono móvil mientras manejan han causado cerca de 16.000 muertos desde el 2001 en accidentes de carro en Estados Unidos. Otro estudio averiguó por qué es tan molesto percibir a alguien que habla por el celular. "Escuchar un solo lado de la conversación perturba mucho más que oírlos ambos", dice la doctora Lauren Emberson. El cerebro está acostumbrado a desoír diálogos ajenos, pero se inquieta cuando le toca imaginar la otra mitad de una charla.
A mi juicio, lo peor son los celubobos, aquellos lelos que van distraídos hablando por la calle, en actividades colectivas o en espectáculos públicos. ¿No los han visto ustedes culebreando sin sentido por las aceras, conversando a gritos con otro idiota que viaja a su lado en el bus, buscando a tientas el impertinente timbre en la oscuridad de la sala de cine?

Son desesperantes los peatones celubobos. Atraviesan avenidas sin atender el semáforo, porque no son capaces de oír y ver al mismo tiempo, o se detienen bruscamente en el andén sin prestar atención a alguien que viene detrás. Yo vi a un celubobo mortalmente herido bajo las ruedas de cochecito infantil cuando frenó sin aviso previo. El celubobo ríe en los entierros, grita en el estadio durante el minuto de silencio y llama desde el avión a decir, como un idiota, "¡Ya llegué!".
Capítulo aparte merece el celubobo que usa celular de manos libres. Cuando uno ve que va por ahí hablando solo, piensa que se trata de un loco. Pero es mucho más grave: se trata de un tipo que alguna vez fue normal, que leyó el diario en el baño, y ahora, por culpa de los rayos que emite el celular, ha sufrido una alteración cerebral que lo lleva a comportarse como un lunático. Pronto llamará al jefe cuando esté sentado en el w.c., tirará de la cadena y lo echarán del puesto.
Por Daniel Samper Pizano