La tiranía de la conectividad
Cecilia Rodríguez
Hemos caído en la adicción de la inmediatez. En la jerarquía
de comunicación de hoy, una llamada telefónica o una conversación cara a cara
están en los últimos puestos.
¿Cuánto tiempo cree que puede sobrevivir sin ‘conectarse’ a
un aparato electrónico? ¿Días? ¿Horas? ¿Minutos?
Hoy, al llegar a una clase de ejercicios, nos informaron que
el profe estaba de vacaciones y que quien venía a reemplazarlo iba a llegar
tarde. Ocasión perfecta para conocer a las otras mujeres que veo cada semana,
pero con quienes no hay tiempo de conversar en clase. Lo que ocurrió, sin
embargo, es que cada una sacó su teléfono y entró en ‘conexión’.
Vivimos en tiempos de la tiranía de la conectividad.
Es como si todos fuéramos médicos de turno, o agentes
secretos, o presidentes de una nación en peligro, o generales en guerra, y
probablemente esos personajes no necesitan revisar compulsivamente el teléfono
dondequiera que estén, como tantas personas “comunes y corrientes” hacen para
asegurarse de que no se están perdiendo de algo. Y no se trata solo de revisar
la cuenta de e-mail en Gmail, también hay que revisar la de Hotmail y muchas
veces otros portales y redes sociales. Además, hay que revisar los trinos
recibidos y a cuántos les ha gustado el trino enviado. Y marcar ‘me gusta’ en
las fotos que otros han subido al Facebook, y hacer comentarios tan cortos y
superficiales como sea posible.
Mantenerse a flote en la oleada de conectividad se ha
convertido en una actividad de tiempo completo. Al vivir bajo esa tiranía, la
gente desarrolla sus propios modales y maneras. ¿Cuánto tiempo hay que esperar
antes de responder un mensaje, o de hacer un comentario en Facebook, o de subir
la selfi más reciente, o de informar sobre el video que se acaba de ver, o de
manifestar preferencia por zapatos azules, o de lo que acaba de comer en un
restaurante, con la foto correspondiente, lo cual, desde luego, es información
que requiere ser trinada de inmediato?
Son preguntas retóricas porque, sin notarlo, con la tiranía
de la conectividad hemos caído en la adicción de la inmediatez. En la jerarquía
de comunicación de hoy, actividades más ‘personales’, como una llamada
telefónica o una conversación cara a cara, están en los últimos puestos; cartas
o tarjetas escritas a mano, en la casilla del fondo. Cliquear ‘me gusta’ o
escribir un comentario en Facebook es instantáneo.
Esa capacidad de inmediatez se ha convertido en la nueva
‘intimidad’. Las mujeres de mi clase no tienen interés en conversar porque
necesitan cada minuto para mantener contacto inmediato con gente que no está
frente a ellas. Nuestras relaciones no se miden por conversaciones personales,
sino por número de clics, ‘me gusta’, vistas, trinos y retrinos.
Y si nuestra comunicación está cómodamente contenida en
teléfonos inteligentes, el resto de necesidades lo están cada vez más también.
The Washington Post dice: “Ahora hay un Uber para todo”, en referencia a que
con un clic en una de las muchas aplicaciones ofrecidas en los teléfonos
móviles se puede obtener prácticamente de inmediato desde un cocinero que venga
a preparar la cena, alguien que haga sus compras, que le estacione el auto, que
haga la limpieza, que le organice el clóset o le ponga orden a su garaje, hasta
alguien que le haga la maleta en su puerta en menos de 10 minutos cuando va a
viajar.
Cuantas más redes sociales, plataformas de mensajes y
aplicaciones de servicios acogemos, más se dispersan y hacen difusas nuestras
habilidades de comunicación, o son simplemente apariencias, ilusiones,
disimulos, superficialidad.
Probablemente sea imposible evitar la dispersión de nuestra
atención en línea, hasta el punto del sinsentido, pero vale la pena intentarlo.
Hay padres de familia valientes que imponen restricciones a los hijos sobre el
tiempo que pueden estar ‘conectados’. Mi más reciente récord de ‘desconexión’
es un día y medio. ¿Y el suyo?
Decálogo para no dar papaya a las
burlas en internet
Una foto comprometedora, un tuit mal redactado, hasta una
noche de copas, todo puede ser utilizado para que los implacables usuarios de
internet se burlen de alguien. Le damos 10 tips para evitar este problema.
Antes de seleccionar
la opción publicar tómese un momento y piense: ¿qué impacto puede tener su
publicación entre los contactos que están relacionados?
El ciberbullying se ha convertido casi en una epidemia
social. Las burlas entre usuarios muchas veces pasan el límite de lo chistoso
para pasar a lo denigrante y, a veces, peligroso.
Prevenir esta práctica depende de cada de usuario y todo
puede manejarse. A continuación le compartimos 10 consejos para que los tenga
en cuenta a la hora de iniciar sesión en internet:
1. Las imágenes o
publicaciones no siempre tienen que ser compartidas en redes sociales. De vez
en cuando deje esas fotos y comentarios sólo para sus amigos, NO para todos sus
contactos. Básicamente: NO DE PAPAYA
2. Antes de
seleccionar la opción publicar tómese un momento y piense: ¿qué impacto puede
tener su publicación entre los contactos que están relacionados?
3. Procure no
compartir comentarios o publicaciones sobre su vida privada en redes sociales.
Es mejor llamar a sus amigos, familiares y conocidos para charlar sobre
cualquier situación, antes de darla a conocer por una red.
4. Evite enviar
fotos y videos comprometedores por correo electrónico. Por más confianza que
haya con otro usuario estos contenidos siempre corren el riesgo de caer en
manos de cualquier persona.
5. Entienda la
dimensión de una broma por internet: si usted escribe o publica algo divertido
entre su grupo cercano de amigos filtre estos contenidos para que sólo los
interesados puedan verlo. De esta forma, no se expondrá a que cualquiera mal
entienda estos contenidos.
6. No acepte
solicitudes de amistad de desconocidos en Facebook. Tampoco inicie
conversaciones con perfiles sospechosos en otras redes como Twitter o Google
Plus.
7. Reporte por Spam
a aquellos usuarios que usted considere están publicando contenidos
difamatorios en su contra. De esta forma las redes, donde se está propagando el
problema, tendrán aviso de lo que ocurre y bloquean estos perfiles.
8. Entienda la
progresión que puede tener una publicación en redes sociales: no crea que no lo
están leyendo por el hecho de que no comente, den Me Gusta o Retuiteen. Siempre
hay alguien leyendo.
9. Ahora, si quiere
compartir esos momentos que usted considera poco ofensivos y más bien
divertidos, filtre a los contactos que puedan tener acceso a las publicaciones.
De nuevo, no todos se tienen que enterar de las bromas que se hacen entre
amigos.
10. El último consejo
es más bien analógico: tenga sentido común antes de iniciar una sesión en
internet. Aplique una lógica ancestral y responde una pregunta antes de
publicar o compartir algo en internet ¿haría esto en la calle? Así se evitará
muchos problemas.
¿Sufre usted de nomofobia, la
adicción al celular?

por MIGUEL REYES
El avance de las nuevas tecnologías trajo una nueva
enfermedad: el miedo irracional a estar sin su teléfono móvil
·
Si usted es de los que no sale a ningún lugar sin su
celular, si duerme con él al lado y lo primero que hace al despertar es revisarlo,
si lo mira inconsciente y automáticamente, si siente ansiedad o estrés cuando
no puede contestar y no sabe quién lo llama, si lo revisa al hacer ejercicio o
va al baño y a cualquier otra parte de su casa con él, es probable que padezca
o esté cerca de padecer nomofobia, el miedo irracional a estar sin su teléfono
celular.
El fenómeno -que deriva su nombre de una abreviación de la
expresión en inglés "no-mobile-phone-phobia" (no-mo-fobia)- aunque
todavía no se ha catalogado como un trastorno sicológico propiamente, como
otras adicciones a las nuevas tecnologías, ya causa problemas y es tratado por
profesionales.
El estilo de vida actual implica estar conectados
permanentemente a través de herramientas tecnológicas, lo que trae consigo un
aumento de la dependencia a estos aparatos. El asunto problemático es cómo
aprovecharlas y hacer un uso adecuado y moderado sin caer en la adicción a
estas herramientas, pues no es fácil distinguir entre la dependencia habitual y
necesaria, y la adicción dañina.
Javier Garcés, experto en Psicología del Consumo y sus
adicciones, dice que "en los casos patológicos, en los que esa dependencia
genera ataques de ansiedad, pánico, irritabilidad la diferencia está clara.
Pero en los 'pequeños' ataques de ansiedad la diferencia no lo es tanto".
Lo que quiere decir que el criterio no está únicamente el tiempo que se pasa
frente al aparato sino en las causas y las repercusiones que tiene su uso.
Si la dependencia al celular existe por razones laborales
únicamente y la persona se desprende con facilidad del aparato en ambientes
sociales o personales, no parecería haber un problema, pero si se desarrolla
una "relación no utilitaria con el teléfono", es decir, si con el
simple hecho de desconectarse en cualquier momento o lugar presenta síntomas de
nerviosismo o de ansiedad, estaríamos frente a un caso de nomofobia.
Los síntomas se manifiestan de diversas formas: cambios de
comportamiento o de estados de ánimo, mayor facilidad para comunicarse por
medio del chat que verbal y personalmente, irritabilidad o alteraciones en el
sueño, sentir que vibra o timbra el aparato imaginariamente, no poder apagarlo
ni ignorarlo en el cine, teatro, mientras se ejercita, en comidas o situaciones
inapropiadas, y aprovechar cualquier momento para revisarlo o angustiarse más
de la cuenta por el tiempo que queda de batería.
José Antonio Molina, sicólogo a cargo de psicohealth.com,
afirma que "personas con déficit de habilidades sociales, que se sienten
más cómodos interactuando con los demás a través de la tecnología, con cuadros
depresivos", o personas introvertidas e inseguras, pueden ser más
propensos a refugiarse en los aparatos y a desarrollar este tipo de adicciones.
Por supuesto que entre más completo y tecnológico sea el
aparato, mayor va a ser el uso y la dependencia a éste. Por eso, a raíz de
estudios como uno que se realizó en el Reino Unido y que cita el diario español
El Mundo muestran los teléfonos inteligentes, como los Blackberry y los iPhone,
disparan este tipo de fobias y adicciones.
Investigaciones recientes en España han revelado que entre
un 53 y un 63% de los encuestados tienen comportamientos que los harían encajar
dentro de esta enfermedad del siglo XXI. Y la cifra parece ir en aumento, pues
el mayor riesgo lo tiene la población entre 18 a 25 años y además la tendencia
es que cada vez sean más jóvenes los que empiezan a manipular celulares.
Las nuevas tecnologías son tan poderosas y tan útiles que lo
primero que hay que hacer con ellas es notar sus efectos nocivos y autorregular
su uso para que el aparato no domine al usuario.
Cómo detectar los síntomas adictivos:
• No me separo del celular: Hasta en el baño, la cocina,
durante las comidas o el en cine estoy pendiente de él.
• Alteración de los hábitos del sueño: a veces me despierto
por la noche y miro el celular para ver si hay mensajes o tengo alguna
llamadas. Estoy hasta altas horas de la noche hablando y duermo menos horas de
las debidas. Lo primero que hago al levantarme es mirar el celular.
• Nerviosismo o ansiedad cuando no lo tengo: Siento nervios
o angustia cuando no tengo el celular cerca o cuando se ha agotado la batería.
Siento placer y tranquilidad cuando lo vuelvo a tener en mis manos.
• Oír a los amigos: normalmente las personas cercanas me
dicen que me distraigo y no pongo atención o que es mala educación estar
siempre pegado al celular.
• Reviso el celular de forma automática: Sin darme cuenta o
para sentir que no pierdo el tiempo reviso el celular y cualquiera de sus
aplicaciones por simple placer o por esperar con ansias a que entre un mensaje
o una llamada.
• Cuentas exageradas: me llegan las cuentas por más de lo
previsto por exceso de minutos, mensajes o datos.
• Por aquí sí te hablo: siento que me comunico con mayor
facilidad por medio del chat o por llamadas telefónicas que en persona. Evito
las conversaciones y las relaciones en persona por esa razón. Cambio de actitud
cuando hablo por el celular, por ejemplo, ya no me siento tan tímido.
Cómo mejorar la escritura de e-mails
Los emails que escribimos son una muestra de nosotros mismos,
por eso es conveniente con invertir unos pocos minutos en su redacción.
Tus emails dicen mucho sobre ti. Más que eso. Un email puede
ser la primera y única muestra que la gente tenga de tu profesionalismo,
temperamento y personalidad.
Piensa dos veces la próxima vez antes de escribir un email y recuerda que lo que
escribas representa tus pensamientos, tus ideas y no tus escasas habilidades de
comunicación y errores de gramática.
1. Utiliza frases completas. Utiliza toda la potencialidad
del lenguaje. Si se escribe de una manera por alguna razón debe ser. No
simplifiques palabras a tu criterio. El destinatario de tu email puede tomarlo
como una falta de educación.
2. No escribas todas las palabras en mayúsculas. En Internet
utilizar todas las palabras en mayúsculas es sinónimo de gritar y hacer
aspavientos con las manos. Es grosero y chocante. Si no quieres dar esa
impresión deja las mayúsculas en paz.
3. Piensa muy bien en lo que vas a escribir antes de hacerlo.
Toma un segundo para poner tus ideas en orden antes de empezar. Cuanto más
claro estés mejor. Recuerda que esto no es una conversación cara a cara, donde
puedes aclarar cosas en la marcha.
4. Escribe un principio y un final. No es una carta, pero
dale a tus e-mails alguna estructura. No tiene por qué ser largo, pero debe
tener una pequeña introducción sobre el tema que trata el email y un cierre (en
lo posible) encantador.
5. Relee tu email antes de enviarlo. Quizás lo que escribiste
no es lo que pretendías decir. Sólo tomate un minuto y relee el email para
darle mayor claridad.
6. Evita utilizar demasiados adjetivos, adverbios y oraciones
demasiado largas. Manten la escritura simple, para una fácil lectura y un
intercambio de ideas transparente.
7. No uses siglas. Si bien cada industria tiene siglas, pero
llegado un punto hace que lo que quieras decir sea más confuso, por eso te
cuidado.
8. Toma ventaja sobre la puntuación. Si no sabes si poner o
no una coma, te equivocas si piensas que nadie se dará cuenta de que tus
conocimientos en gramática son bastante flojos. Conocer como presentar
correctamente una oración, te ayudará a comunicarte mejor. Compra una guía
sobre gramática y utilizala.
9. Utiliza el corrector ortográfico de tu programa de
correos. Antes de presionar Enviar, controla la ortografía, no sólo con el
corrector que a veces falla sino también manualmente. Utiliza un diccionario
online para verificar si has escrito bien las palabras que tengas dudas.